No cabe duda que recordar es vivir, esta lectura me transporto al año de 1980, cuando por vez primera tuve contacto con un grupo de alumnos a los que tenia que enseñarles la asignatura de Química, en la primera clase los nervios me traicionaron y el tema que había preparado prácticamente se me olvido, para disimularlo, decidí pasar lista, era tal mi nerviosismo que decía el apellido del primer alumno y el nombre del segundo, las risas no se hicieron esperar y el clásico comentario, “el maestro esta nervioso” desde ese instante pasó por mi mente tomar una postura de profesor serio y estricto, evitaba la comunicación con los muchachos porque consideraba que podían faltarme al respeto, cualquier falta de los jóvenes por mínima que esta fuera era motivo de un severo regaño a todo el grupo, propiciaba un ambiente de temor en cada clase y como consecuencia el interés por lo que enseñaba se desvanecía, no disfrutaba la clase.
También recuerdo que no aceptaba, es mas, hasta me disgustaba que me dijeran maestro, yo quería que me llamaran Ingeniero, porque eso era lo que había estudiado, pensaba que si daba clases era únicamente para cumplir un compromiso que había adquirido, pero fueron pasando los años en esta actividad y la molestia aun existía. No tenía mi propia identidad como profesor.
En cuanto a la comunicación con los muchachos, se limitaba únicamente en presentar lo mejor que se pudiera los contenidos, el que explicaba era yo, el que hablaba era yo, el que preguntaba era yo, en fin, la clase era para mi y solo para mi, escuchar a mis alumnos era muy difícil. No conocía ni lo más básico de lo que debe ser un interlocutor.
Mostrar una cara de enojo, era mi mejor defensa para imponer la disciplina en el salón de clase, recuerdo la primera vez que sonreí, una alumna con cara de sorpresa comento, “el maestro ya sonrió”, y al final de la clase se me acerco y me dijo, “me gusto mucho verlo sonreír, por que no lo hace más seguido”, ese comentario me hizo reflexionar, y sentí que algo andaba mal, que tenia que hacer algo, que no era mi actitud la mejor forma de enseñar. No saber organizar la clase, no contar con una propia identidad como profesor, es lo que me condujo a actuar de esa forma.
Una de las quejas más comunes, sobre todo en la asignatura de matemáticas es que los alumnos vienen mal preparados de la secundaria y que esa es la razón más importante por la cual se les dificultan la matemáticas en este nivel medio superior, que no es nuestra culpa, que debemos continuar con el programa para ver la mayoría de los contenidos, que los alumnos tienen la responsabilidad de recordar lo que les enseñaron en la secundaria. Tenemos una deficiencia para adaptar los contenidos de acuerdo a los conocimientos de los alumnos.
¿Cómo modificar mi actuar de manera que se transforme el malestar en una satisfacción?
Con el paso de los años y por la misma experiencia que he adquirido, algunos malestares ya los he transformado en verdaderas satisfacciones, y esta lectura de José M. Esteve, me ha abierto nuevos horizontes para hacerlo con más éxito; en principio quiero comentar que actualmente para mi es muy satisfactorio que me llamen maestro o profesor porque ahora si disfruto de mi trabajo, el tiempo que paso frente a grupo se me hace muy corto, he empezado ha elaborar mi propia identidad como profesor y también una renovación pedagógica.
La comunicación es más fluida, más natural, sin embargo, existen muchas cosas, que debo modificar en este terreno, por ejemplo, saber escuchar, a partir de ahora va a ser un reto personal lograr que la comunicación se de por ambos lados.
Siempre habrá problemas de disciplina, trabajamos con jóvenes inquietos, no con adultos, y como lo dice José M. Esteve, “El razonamiento y el diálogo son las mejores armas, junto con el convencimiento de que los alumnos no son enemigos de quienes tienes que defenderte”. Debo tomar en cuenta todo esto y manejar la disciplina en este sentido.
Finalmente, adaptar los contenidos al nivel del conocimiento del alumno, como se menciona en esta lectura, me indica que lo que debo de hacer es una renovación de los contenidos del programa de matemáticas, para su adaptación y no querer trabajar con los contenidos ya programados y continuar quejándome de las carencias de los alumnos.
Por ahora estos son mis comentarios, mucho agradeceré los de ustedes, con la seguridad de que mi aprendizaje sobre este tema será mucho mejor.
Reciban un cordial saludo, Mary y todos mis compañeros.
También recuerdo que no aceptaba, es mas, hasta me disgustaba que me dijeran maestro, yo quería que me llamaran Ingeniero, porque eso era lo que había estudiado, pensaba que si daba clases era únicamente para cumplir un compromiso que había adquirido, pero fueron pasando los años en esta actividad y la molestia aun existía. No tenía mi propia identidad como profesor.
En cuanto a la comunicación con los muchachos, se limitaba únicamente en presentar lo mejor que se pudiera los contenidos, el que explicaba era yo, el que hablaba era yo, el que preguntaba era yo, en fin, la clase era para mi y solo para mi, escuchar a mis alumnos era muy difícil. No conocía ni lo más básico de lo que debe ser un interlocutor.
Mostrar una cara de enojo, era mi mejor defensa para imponer la disciplina en el salón de clase, recuerdo la primera vez que sonreí, una alumna con cara de sorpresa comento, “el maestro ya sonrió”, y al final de la clase se me acerco y me dijo, “me gusto mucho verlo sonreír, por que no lo hace más seguido”, ese comentario me hizo reflexionar, y sentí que algo andaba mal, que tenia que hacer algo, que no era mi actitud la mejor forma de enseñar. No saber organizar la clase, no contar con una propia identidad como profesor, es lo que me condujo a actuar de esa forma.
Una de las quejas más comunes, sobre todo en la asignatura de matemáticas es que los alumnos vienen mal preparados de la secundaria y que esa es la razón más importante por la cual se les dificultan la matemáticas en este nivel medio superior, que no es nuestra culpa, que debemos continuar con el programa para ver la mayoría de los contenidos, que los alumnos tienen la responsabilidad de recordar lo que les enseñaron en la secundaria. Tenemos una deficiencia para adaptar los contenidos de acuerdo a los conocimientos de los alumnos.
¿Cómo modificar mi actuar de manera que se transforme el malestar en una satisfacción?
Con el paso de los años y por la misma experiencia que he adquirido, algunos malestares ya los he transformado en verdaderas satisfacciones, y esta lectura de José M. Esteve, me ha abierto nuevos horizontes para hacerlo con más éxito; en principio quiero comentar que actualmente para mi es muy satisfactorio que me llamen maestro o profesor porque ahora si disfruto de mi trabajo, el tiempo que paso frente a grupo se me hace muy corto, he empezado ha elaborar mi propia identidad como profesor y también una renovación pedagógica.
La comunicación es más fluida, más natural, sin embargo, existen muchas cosas, que debo modificar en este terreno, por ejemplo, saber escuchar, a partir de ahora va a ser un reto personal lograr que la comunicación se de por ambos lados.
Siempre habrá problemas de disciplina, trabajamos con jóvenes inquietos, no con adultos, y como lo dice José M. Esteve, “El razonamiento y el diálogo son las mejores armas, junto con el convencimiento de que los alumnos no son enemigos de quienes tienes que defenderte”. Debo tomar en cuenta todo esto y manejar la disciplina en este sentido.
Finalmente, adaptar los contenidos al nivel del conocimiento del alumno, como se menciona en esta lectura, me indica que lo que debo de hacer es una renovación de los contenidos del programa de matemáticas, para su adaptación y no querer trabajar con los contenidos ya programados y continuar quejándome de las carencias de los alumnos.
Por ahora estos son mis comentarios, mucho agradeceré los de ustedes, con la seguridad de que mi aprendizaje sobre este tema será mucho mejor.
Reciban un cordial saludo, Mary y todos mis compañeros.

No cabe duda que recordar es vivir como tú lo dices, viendo nuestros inicios y ahora como trabajamos ha existido una gran diferencia, donde con el paso del tiempo hemos mejorado nuestras acciones, saberes y maneras de interactuar con los jóvenes.
ResponderEliminarRecibe un fuerte abrazo.